viernes, 7 de febrero de 2014

Represión en La Rambla de Barcelona

Nuevo capítulo del Catálogo de obra gráfica de Albert Tarragó:


Cuando a copiar fotos se le llama "hacer retratos" 

            Doce años atrás, cuando un retratista solicitaba un permiso para dibujar personas en la Rambla, el ayuntamiento le examinaba pidiéndole que dibujara a una persona ante una comisión de expertos.
            Pero al cabo de ocho años en la calle muchos de los retratistas se habían ido acostumbrando a copiar fotos en lugar de dibujar personas. Para ello, algunos usaban unos sorprendentes dibujos hiperrealistas como reclamo realizados con la ayuda de un proyector, de tal modo que difícilmente luego podían igualar ese efecto cuando el cliente era un ser humano sentado ante ellos.
            La decepción que causaba esta práctica generalizada había ido provocando una creciente desconfianza por parte del público, con lo cual, la dificultad por encontrar clientes había aumentado mientras los precios habían disminuido hasta rozar los de las caricaturas.
            Pero lo peor de todo empezó a suceder el día en que fueron la misma administración y la Guardia Urbana quienes comenzaron a exigir a los retratistas  que exhibieran esas engañosas muestras copiadas de fotos como reclamo ante el público. Paradójicamente, insistían que esa era la única técnica que se les había autorizado.